“ELS ORÍGENS DE LA FAMÍLIA BORJA”

 

Aquesta conferència fou impartida per l’historiador, vinculat al Servei del Patrimoni de la Conselleria de Cultura, En Lluís Pablo Martínez. De la seua obra destaquem els estudis sobre la història medieval valenciana i, en concret, llurs aportacions, en col·laboració amb altres dos eminents historiadores com són Jaime Castillo i Jorge Saiz, sobre el complex origen de la família dels papes Borja. En aquests treballs sorprén la meticulositat i el rigor amb què es tracten les fonts i el coneixement històric del període. Fem ara una transcripció resum de la conferència impartida pel professor Martínez el dijous, 16 de març de 2000 al saló de plens de l’Ajuntament de Canals.

 

Bona nit. Allò que interessa de la família Borja en aquesta conferència és el període clau que s’estén entre el 1400 y el 1450. Com és possible que una família que ningú no coneixia, que va viure al llarg de dos segles i mig en aquestes terres sense destacar massa o, a penes, en el govern municipal de Xàtiva, i que no deixava de ser una més dins  la mitjana o petita noblesa del Regne de València, poguera arribar donar dos papes a la cristiandat?

Parlar dels Borja ens trasllada, inevitablement, a la Itàlia del Renaixement, a l’esplendor de la Cúria Romana, a las intrigues de l’alta política, a la corrupció dels diners i a una escandalosa depravació moral, sorprenentment combinada amb les més elevades cotes d’espiritualitat cristiana. Ens trobem, a la fi, amb el mite borgià. Però el període a cavall entre els segles XV i XVI distorsiona, més que aclareix, la perspectiva històrica. Allò que el pare Batllori denomina el “naixement d’un nou llinatge”, és un complex procés que s’arrossegà al llarg de cinc dècades -de començaments a mitjans del segle XV-  i que tingué la primera fita de ressonància mundial en l’elevació al papat d’Alfons de Borja en l’any 1455.

En un famós dietari del capellà del rei Alfons el Magnànim, coetani dels Borja, hi trobem una cita molt il·lustrativa:

 

“Després del papa Nicolau, vingué el papa Alfons de Borja, natural de la ciutat de Xàtiva, del Regne de València, bisbe i cardenal de València, qui és titulat Calixt III, la cual cosa feu molt gran honor a tots els seus parents, que augmentaren gran riquesa, germans i nebots i nebodes, i encara a tota la parentela, així en beneficis com en altres coses, i a un nebot el feu cardenal i bisbe de València, i a altre cardenal i bisbe de Lleida, i a l’altre prefecte de Roma…”

 

La nota en qüestió es certa, però és que, a l’Edat Mitjana, si arribes a papa ja no tens ningú per damunt en el món, i pots repartir i distribuir riqueses com vulgues. La incògnita està en conéixer com va ser possible que un Borja arribara a ser papa, i no conformar-nos en escriure la seua història a partir de 1455.

Si per un moment poguérem donar marxa enrere en el temps i tornar al 1400, res no ens faria suposar que dos fills d’aquestes terres presidirien la cristiandat. El cognom Borja era conegut en la ciutat de Xàtiva des de la reconquesta. I al començament del segle XV, era bastant comú i no s’identificava amb una sola família, sinó amb vàries i de diferent condició social, des de llauradors fins la noblesa, tot passant pels artesans. Uno de estos linajes, pertenenciente a la pequeña nobleza, descollaba sobre el resto. Eran los Borja “esclarecidos”, como los calificó el padre Pedro Abarca, un historiador aragonés del siglo XVII, que intuía que en la historia original de esta familia había algo extraño. Roderic Gil de Borja, entonces cabeza de la casa de los “esclarecidos”, era un personaje de cierto relieve en la Xátiva del 1400. Con todo y ser noble, su notoriedad pública obedecía más a su activa participación en el mundo de los negocios y a su inserción entro de la red del poder local. Su patrimonio era reducido e insetable, no era un terrateniente. En 1385, Roderic Gil figura como señor de Estuvell y de Sagres, mientras que en 1409 era señor de la Torre de Canals y otras dos o tres pequeñas alquerías. Encima, por esa misma época, el patrimonio se le redujo porque hubo de pagar 20.000 sueldos de oro para que su hija Eleonor se casara con un caballero de Alzira, llamado Bertomeu Serra.

Roderic Gil de Borja legó todas sus posesiones a su hijo Joan porque el primogénito Roderic había muerto ya en 1408. Como consecuencia, los hijos más pequeños, Jofé y Galcerán, tuvieron bien pronto que dejar el hogar familiar para buscarse la vida por otra parte. Jofré entró en 1408 como escudero al servicio del que fuera el último conde de Urgell, rival de Fernando de Antequera. Declaraciones coetáneas, hacia el 1413, nos muestran a estos dos jóvenes Borja como hombres pobres, que vivían de la magnificencia de sus señores o de las ayudas  de su abuela, que les socorría porque los amaba mucho. ¿Quién iba a pensar en ese momento que Jofré sería padre de Alejandro VI?.

Y si hablando de este familia, los Gil de Borja de Xátiva, que eran los nobles, se podía dudar de que alguno pudiera llegar a ser papa, la idea podía ser aún más absurda al considerar la familia materna, los Borja de la Torreta de Canals. En principio no eran nobles, y en aquella sociedad, si no eras noble, teóricamente no llegabas a ningún sitio. Doménech de Borja, padre de Calixto III y abuelo materno de Alejandro VI, fue siempre calificado y se calificaba a sí mismo como ciudadano. La polémica entre historiadores sobre si esta rama era o no noble, no tiene tanta importancia, porque ser ciudadano en la sociedad valenciana de la época no imposibilitaba a nadie de disfrutar de una posición respetable, ostentar cargos públicos de relevancia o acumular dinero.

Hay un documento clave en el intento de de encontrar quién era Domenech de Borja y cuál su riqueza. Se trata de la dote de su hija Isabel, hermana de Alfonso de Borja (más tarde Calixto III) y que se casó con Jofré, uno de los hijos pequeños  del setabense Roderic Gil de Borja. Resulta que la dote de Isabel se estipuló en 33.000 sueldos, es decir, 13.000 más de lo que el propio Roderic Gil de Borja otorgó para el matrimonio de su única hija, Eleonor, cuando casó con Bertomeu Serra. Los Borja de la Torre de Canals podrían no ser nobles, pero al parecer tenían dinero. Si llemos la letra pequeña del contrato de matrimonio entre Isabel y Jofré, aparece un actor que tuvo un papel estelar en toda esta historia: el encargado de pagar la dote por el casamiento no era el padre de Isabel, Doménech, sino el hermano Alfonso de Borja. Doménech no tenía caudal ni propiedades para aportar los citados 33.000 sueldos

y de ahí que acudiera a su hijo Alfonso. Esto lo debía saber muy bien su mujer, Francina,, porque años después de la muerte de Doménech, recurre constantemente a la ayuda pecuniaria de su hijo Alfonso, incluso para comprar colchones.

Con el matrimonio entre Jofré e Isabel, se rompe una política matrimonial muy bien seguida por los Borja desde el siglo XIV. Una política, según el padre Batllori, siempre orientada a la alianza con linajes aristocráticos o con familias realmente acomodadas que controlaban la administración municipal y real de Xátiva.

Sanchis Sivera demostró en un artículo magistral publicado en el Real Academia de la Historia que Doménech de Borja no fue el señor de la Torre de Canals. Hay pluraridad de datos que apuntan a esta tesis, y  uno en concreto es muy contundente. El año 1435, Jofré de Borja aparece calificado como señor de la Torre de Canals por un documento de la curia episcopal. Probablemente alguien podría argumentar en este momento que lo sería por consorte. Pero sabemos que la dote se pagó con dinero, no hablándose para nada ni de tierras ni de señoríos. Y eso conduce a que, con toda probabilidad, que la Torre llegó a manos de Jofré como herencia de su padre Roderic Gil. Disponemos también de noticias correspondientes al testamento de Roderic Gil (1409) donde éste queda identificado como señor de la Torre de Canals. Dessfortunadamente, esta noticia es indirecta. Está glosada por Ventura Pascual Beltrán, que ddice haberla encontrado en un libro  del archivo de los Dominicos de Valencia, aunque posteriormente en ese archivo no se ha encontrado el documento, lo cual es una lástima. Sabemos, eso sí, que Doménech tuvo una relación muy estrecha con la Torre de Canals, porque en ella murió su primera mujer y en ella nació Alfonso de Borja. Según nuestra interpretación, esta relación tan estrecha de Doménech con la Torre no se puede entender más que en términos contractuales, como puesto de trabajo. Enendemos que la relación de Roderic Gil, señor de la Torre, y Doménech, habitador de la misma, sería de tipo clientelar. Es decir, Doménech de Borja podría haber sido un hombre al servicio de la casa de los Borja de Xátiva, como administrador, que es precisamente lo qu dice Zurita, historiador muy riguroso.

Por otro lado, la imagen de cuento de adas que destila el matrimonio de Jofré e Isabel (el aristócrata que toma por esposa a la hija de su criado) no es la realidad histórica. No fue por amor por lo que se casó Jofré con Isabel. Hay que saber quién era Alfonso de Borja en el 1419, cuando tuvo lugar la boda. Alfonso ya había entrado al servicio del rey Alfonso el Magnánimo en 1417, desarrolando una carrera fulgurante. En dos años había pasado de ser consejero promotor de los negocios de la corte a ser vicecanciller, uno de los cargos más altos de la curia real.. Es así cómo pudo acumular tanto dinero en dos años como para comprometerse, en lugar de sus padre, a dar a su hermana 33.000 escudos como dote (3.ooo florines de oro).Jofré, que entonces vivía junto a su madre prácticamente de prestado gracias a la herencia de una sobrina, se debió quedar deslumbrado por el oro de Alfonso de Borja, y también por lo que significaba tener como cuñado a un hombre de la confianza del rey.

Fueron clarísimamente motivos pecunirarios y también la posibilidad de aproximarse a la fuente del poder, lo que movió a la rama nobiliaria de los Borja de Xátiva a entablar lazos de sangre con la familia de sus antiguos dependientes. Yfue tal vez el agradecimiento a sus antiguos patronos lo que movió a Alfonso de Borja a casar a su hermana Isabel, pudiendo escojer a otro, con el pobre Jofré Gil de Borja. Y de paso disimular la calidad inferior de la sangre al emparentar con un linaje nobiliario que tenía el mismo apellido: Borja.

Hay una cosa muy significativa. Hasta 1419, siempre que en los documentos parece la rama de los nobles, se distingue como Gil de Borja. Después del matrimonio de 1419, nunca más vuelve a leerse lo de Gil, sino que vna a ser siempre  Borja. Y ya tenemos a la mítica familia. Los efectos de este explosivo cruzamiento no tardarían  en dejarse sentir: Calixto III, Alejandro VI, César y Lucrecia Borgia… Sin duda, el matrimonio de Jofré e Isabel está envuelto de cinrcunstacias excepcionales. Es el punto de partida de la historia de los Borja como mito renacentista, el fundamento de una empresa familiar que culminó con la conquista de las más altas cotas temporales y espirituales de poder.

“DRET I ESGLESIA: ESTUDIS JURIDICS I CARRERA ECLESIASTICA”

 

            Mariano Peset, caterático de Historia del Derecho y de las Instituciones en la Universidad de Valencia, ha             desarrollado estudios referidos a la Historia de las   Universidades y del mundo de la cultura en general, tanto             en España como en el ámbito de Iberoamérica. Abarca desde         la Edad Media hasta el momento actual, y en concreto     destacan los referidos a la Universidad de Valencia, en      la fundación de la cual Alejandro VI tuvo un papel          destacado, como san Francisco de Borja lo tendría en la     Universidad de Gandía, otra de las ciudades borgianas     junto a Xátiva, Valencia, Roma y Canals.

 

La cultura en la Alta Edad Media estaba en los monasterios, sobre todo a partir del siglo XI. Cuando aparecen las ciudades, empiezan a trasladarse a las mismas, fundamentalmente a las escuelas de las catedrales, donde aparece un saber nuevo. Y enseguida, empiezan a surgir las universidades como algo distinto, aunque puedan estar ligadas a una escuela-catedral, como el caso de París, universidad teológica.

Sin embargo, nos interesa la otra gran universidad primera, la de Bolonia. A partir de siglo XI, se estudia en Bolonia fundamentalmente Derecho, reuniendo alumnos que encuentran en esos conocimientos más posibilidades para su carrera posterior, eclesiática o civil. Los alumnos, en los primeros momentos, forman simples sociedades con los profesores para acordar una remuneración y una enseñanza. Sin embargo, los escolares de Bolonia que no pertenecen a esta ciudad, los foráneos, se encuentran inermes ante las autoridades de la comuna o poder político boloñés, y comienzan a formar universidades en el sentido de reunión de escolares, nombrando cada una de las naciones sus procuradores y entre todas a un rector o dos rectores. Estas naciones responden a grupos de estudiantes que proceden de determinadas zonas como los catalanis (Cataluña, Valencia y Mallorca) y los hispanis (castellanos y portugueses). Sobre estos grupos van a empezar a actuar los poderosos del momento. En primer lugar, el emperador Federico I les concede el fuero universitario y una serie de privilegios (1157). Honorio III también interviene con la designación de canciller, que es el representante de la iglesia y el que es capaz de dar los grados con validez en todo el orbe católico. Incluso la comuna o poder político facilita salarios para cátedras que no siempre pagan los estudiantes.

Esta es la universidad donde estudió Alejandro VI. Allí estuvo residiendo 6 o 7 años y estudiando intensamente. Incluso Calixto III no le permite que salga de ella para acudir a su coronación. Alejandro VI había estudiado algo en Valencia, antes de que se crease la universidad, concretamente en la escuela municipal que existía desde 1412, pero la mayor parte de la carrera  y el grado de doctor en cánones lo logra en Bolonia. Los canonistas tienen una importancia notable en el mundo hispano. La carrera eclesiástica daba la doble posibilidad de subir en la curia del arzobispo y también en la corte, porque los reyes utilizaban clérigos en la administración de la corona.

Es verdad que los estudios servían para ascender en la carrera eclesiástica, y naturalmente Alejandro VI los tenía, Pero las conexiones familiares eran mucho más importantes que los conocimientos, y esto lo vemos muy claro en el mundo de los Borja. Calixto III ayuda extraordinariamente a su sobrino al nombrarle cardenal y canciller de la curia, puesto en el que estuvo más de treinta años, tratando con los papas habidos entre los dos Borja, lo que le permitió conocer todos los entresijos del Vaticano.

Por otro lado, en 1297, el papa Bonifacio VIII permite al rey aragonés Jaime II que cree una universidad allí donde la prezca más adecuado de su reino. Jaime II la crea en Lérida, porque considera que está en el centro de sus estados y toma como modelo el boloñés, con gran optimismo porque se pensaba conseguir que fuera gente de catorce naciones. El resultado fue mucho más limitado, con un perídod primero muy confuso, de lucha entre la iglesia y el municipio que querían controlarla. Al final se llega a una especie de comité paritario entre profesores y la iglesia-catedral. Y desde luego van a acudir sólo estudiantes catalanes y aragoneses. En ella estudia precisamente Alfonso de Borja (Calixto III) que, llegado a canciller, logrará establecer un turno de valencianos para el rectorado. Los rectores en Bolonia o en lérida son anuales, y van cambiando de una a otra nación. Alfonso de Borja se gradua en Lérida, en ambos derechos, tanto en el corpus justiniano como en el corpus canónico. Será profesor en ella durante algún tiempo, y en 1420 será nombrado canciller de la universidad por el papa, y paralelamente, el rey Alfonso V le va a nombrar también vicecanciller de la corte. Este va a ser el origen de su gran carrera, una carrera con grandes logros.

Como, por ejemplo,el que acabó con el llamado “Cisma de occidente” al convencer en Peñíscola a Benedicto XIV de que renuncie a su papado en favor de Martín V (elegido en concilio) a cambio de otros privilegios dentro de  la iglesia.

Alfonso de Borja era un hombre muy austero, estudioso, con una gran biblioteca… pero lo que mejor explica su ascenso es que, después de seguir su rey Alfonso V hasta Nápoles, llega a establecer una buena relación con el papa Eugenio IV, que estaba en pugna con aquél. También acierta en no participar en el concilio de Basilea, impulsado por el Alfonso el Magnánimo, pero que no parecía adecuado a Eugenio IV. Esta situación le mantiene en un equilibrio que quizás explica un poco, aparte de sus conocmientos, que el papa le nombre cardenal, situación idónea para alcanzar el papado en 1455. Esto fue algo excepcional  porque de los 209 papas que hubieron hasta ese momento, sólo Dámaso (S III o IV) que procedía de la península, y Pedro Hispano, portugués, habían sido los únicos no italianos. Y después de los papas Borja, sólamente serán no italianos Adriano de Utrech, en época de Carlos V, y el actual papa.

Se consideraba que Alfonso de Borja tenía unas dotes notables, y posiblemente era el más capaz para organizar las Cruzadas contra los turcos con laintención de recuperar Constantinopla. Y esa es toda su obsesión hasta el momento de morir. Se dice también que, posiblemente, se le elige papa porque, al ser ya muy viejo,   representaba una solución de momento entre los dos rivales aspirantes de las  familias italianas. En todo caso, a partir de ese momento, Calixto III llama a su lado a sus sobrinos y les facilita la carrera posterior. Y así, Rodrigo de Borja va a ser obispo de Valencia y cardenal, y,  en 1492, es elegido papa con el nombre de Alejandro VI, aunque parece, según los estudiosos, que mediaron muchas promesas por su parte para que, al final, resultase elegido. Pero, en cualquier caso, fue elegido aquel año de 1492, considerado año admirable por su elección, la conquista de Granada, el descubrimiento de América, etc.

El Consell de la ciudad de Valencia , que ya le recibiera con grandes fiestas cuando vino como legado en 1472 y que repitíó la celebración en el momento de  la elección, considera que es el momento de lograr una universidad o estudio general para la ciudad. Así, en 1499, aprueba la constitución del “Estudi General de Valencia” con lo que empieza el camino para tener universidad, puesto que se pide  al santo Padre que envíe la bula de aprobación y al rey Fernando el Católico que envíe el privilegio, porque las universidades en la Europa medieval y moderna, con alguna excepción, son fundaciones de los pontífices y del rey o emperador. La bula se expedirá en 1501.

La de Valencia será una universidad de tipo muy distinto a lo que hemos visto en Bolonia o en Lérida. Quizás tiene su modelo en la de Lérida, pero es más avanzado. Su dependencia respecto al municipio es total. El municipio paga los gastos, aunque luego puedan haber también rentas eclesiásticas. Se nombra rector, en un momento determinado, entre los profesores de la facultad de leyes, después entre profesores de Teología y por último, a partir de 1585, recae en un canónigo de la catedral. Pero la universidad de Valencia tuvo una serie de problemas en el siglo XVI. Por un lado la Iglesia, por otro el municipio, e incluso también los mismos profesores tienen ciertos problemas. De forma que, en 1585, tuvo que intervenir el papa Sixto V. Y de nuevo aquí aparecen los Borja, puesto que poseían una doceava parte de los diezmos de la catedral. Los jurados del Ayuntamiento de Valencia consideran que  conviene comprar estas rentas que  tenían los Borja para formar  determinadas cátedras de teología, leyes y cánones. El pontífice Sixto V acepta esta situación y prohíbe a los canónigos que litiguen sobre ella, con lo que se da paso a una universidad con un claustro mayor, formado por gente del ayuntamient y un  rector canónigo.

Hay que hacer refrencia a la universidad de Gandía, que también es una creación  de los Borja (como lo fue una en Escocia , otra en Alemania y la de Alcalá de Henares a petición del cardenal Cisneros). El papa Alejandro VI intentó situar a sus hijos para cuando él muriese. En parte en Italia, también en Navarra, pero sobre todo en el ducado Gandía, que al estar cargado de deudas, lo compra para su hijo mayor, que muere pronto, pasando luego al segundo Juan de Borja… Pero lo que nos interesa son las actividades del nieto de Alejandro VI, Francisco de Borja, santo-duque que fundó una universidad en Gandía. En principio, lo que quería era un colegio para hijos de moriscos. En Gandía vivían 80 familias de cristianos y 947 de conversos, es decri, de gente desciendiente de moros  o de judíos convertidos. Sin embargo, Francisco de Borja está en contacto con San Igancio de Loyola y llama a los jesuitas para esta actividad. Aunque el duque pidió un padre para enseñar gramática, le enviaron 7 u 8 que se hacen cargo del colegio, la capilla de San Sebastián y otras dependencias. Poco a poco el primitivo proyecto de colegio da paso a la creación de una universidad jesuita, la única que va a haber en la península en la parte de Aragón. En Castilla no hay ninguna, y sí otra en Evora (Portugal).  Y más tarde, otras varias en América.

El modelo de la universidad de Gandía no es el boloñés, ni el salmantino ni tampoco el de Valencia. El modelo es el de las universidades religiosas o del clero regular, que tenían interés en establecer estudios para los novicios en sus conventos y escuelas, que de paso  abrían a gente de fuera para transformarlos, previa petición al pontífice de dar grados, en universidades de tipo regular, más baratas y muy distinta. La  universidad recibe la bula del papa Paulo III en 1547 y el privilegio de Carlos V en 1550. El rector lo nombraría el prepósito general de la Compañía, y por otra parte, el rector, juntamente con el provincial, nombra los profesores. Gandía tuvo muchos problemas con Valencia, como tuvo Zaragoza frente a Huesca o Barcelona frente a Lérida, porque cada universidad quería el mayor territorio posible para tener más alumnos. En toda caso Gandía fue una universidad que se especializó en dar grados fáciles y baratos, de manera que venían estudiantes de toda España y graduaba un mayor número que Valencia. Gandía fue así la primera universidad jesuita hasta su extinción en 1772, después de que la orden fuera expulsada de España y el centro se quedara sin dinero.

Lluís Pablo Martínez, historiador.
Servei del Patrimoni de la Conselleria de Cultura

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