La Orden Militar de Santa María de Montesa

La Orden Militar de Santa María de Montesa

La Orden Militar de Santa María de Montesa

La Orden Militar de Santa María de Montesa nace a la abolición de los Templarios, que como fuerza militar batallaban contra el poder de los musulmanes en el reino de Aragón y, por lo tanto, con su desaparición quedaban indefensas las tierras del Sur del reino de Valencia.

El Papa Clemente V en su bula de abolición dispuso que los bienes de los Templarios fueran transferidos a las Ordenes de Calatrava, en Castilla y de San Juan del Hospital en los reinos de Aragón, Valencia, y Mallorca, y a su propia autoridad.

A esta decisión papal, nuestro rey Jaime II no estaba por aceptarla, mientras él necesitaba de esta fuerza para el territorio del sur del reino frente a la invasión musulmana, del otro lado, el rey de Francia Felipe IV el Hermoso perseguía conseguir los bienes del Temple y rehacer su maltrecha hacienda.

Jaime II en el mes de Diciembre de 1307 llamó a los caballeros templarios a que se presentaran en Valencia haciéndoles saber la confiscación de todas sus propiedades siguiendo lo que ordenaban las cartas apostólicas del pontífice Clemente V.

Algunos Caballeros Templarios se opusieron a entregar sus bienes haciéndose fuertes en sus castillos como el de Peñíscola, el más importante de la Orden en el Reino, que finalmente se rendía al Baile General Bernat de Libia el día 12 de Diciembre. Poco tiempo después, el lugarteniente del Reino, su procurador, tomaba los castillos de Chivert, Ares y Culla. Y el de Monzón se entregó en 1309 después de haber presentado una fuerte resistencia.

La abolición de los Templarios en el Concilio de Vienne (1311-1312) no puso en claro el futuro de sus bienes. El papa desea entregarlos a S. Juan del Hospital y el rey de Francia propuso crear una nueva milicia y reemprender las actividades de la Tierra Santa. Sin embargo, Jaime II no aceptaba lo expuesto, pues por su parte no veía con buenos ojos que los Hospitalarios aumentasen su poder y sugería crear una nueva Orden con hábito y regla similares a la de Calatrava pero independiente de ésta. Y en el caso de que el papa no aceptara, implantarla en Valencia con Maestre propio no sujeta a la Castellana.

El papa Clemente V se mostró refractario a dicha propuesta pero, a su muerte, el siguiente pontífice Juan XXII, si que vio con buenos ojos lo que pedía Jaime II de Aragón, y el embajador aragonés Vidal de Vilanova regresó con el sí papal.

Como lugar de asentamiento de la nueva Orden él elige la villa de Montesa que cuenta con un gran castillo construido sobre una enorme roca situado muy cerca de la frontera con los musulmanes.

La línea fronteriza había descendido de Cervera; “de frontaria” como testimonian documentos de la primera mitad del siglo XIII. Aunque la villa es ya segura, en esta parte sur del Reino de Valencia todavía las tierras vecinas con Murcia y Castilla registraban ataques de moros intentando reconquistar el valle del río Cáñoles.

La petición real pretendía tomar todas las propiedades de los Templarios situadas en la Corona de Aragón, pedimento que no gustó al Papa Juan XXII y en su lugar asigna a la nueva fundación los bienes, de la extinguida Orden, comprendidos dentro del Reino de Valencia, exceptuando el lugar de Torrente y la casa de Valencia.

Los Hospitalarios se habían adelantado en ocupar las propiedades templarias y vieronse obligados a abandonarlas, pero en compensación recibieron otras de la Orden del Temple en Aragón y Cataluña con idénticas condiciones a las entregadas. El Papa dá la Bula de fundación y en el mes de noviembre de ese mismo año los Sanjuanistas se retiran.

Al Maestre de Calatrava no le venía de buena gana la nueva institución dado el caso de que siendo semejante a la suya no tenía más poder que el de visita, lo cual es óbice para que la Orden de Montesa se retrase un año y medio en su fundación. Finalmente, después de insistirle en varias ocasiones, éste delegó en el Comendador de Alcañiz, Mayor de Aragón, y el día 23 de julio de 1319, en el palacio real de Barcelona se fundó la mencionada Orden y nombramiento del primer Maestre Don Guillen de Eril y a los nobles caballeros Don Galceran de Bellera y Don Eremau de Eroles que pertenecían a la Orden de San Juan y de cuya obediencia al Maestre estaban dispensados. El referido Comendador en nombre de Frey García López de Padilla, Maestre de la Orden de Calatrava, les impuso el hábito de la nueva Orden. Y el primero de ellos quedí investido como primer Maestre de la Orden de Montesa.

El juramento de fidelidad al Papa lo hicieron ante el Abad de Santes Creus. El rey presentó al nuevo Maestre a otros Caballeros que admitidos tomaron el hábito montesiano y fueron los siguientes: D. Pedro Fernández de Aragón, hermano del rey; D. Guillem de Aguilar; D. Bernardo de Roca; D. Berenguer de Torrent y D. Arnaldo de Pedriza.

En un principio los nuevos Caballeros usaron un hábito muy sencillo, compuesto de estamella blanca en los mantos y puños, negro también sencillo para los sayales largos, sobre el pecho cerraban las capillas como si fueran mucetas. Más tarde, con permiso del Papa, vistieron camisa de lino. Comenzaron a usar túnica de estameña y sayal de paño basto de color gris o pardo, con escapulario blanco y capa corta para los actos del castillo o convento y al tiempo de salir a guerrear. Para los actos de la Iglesia, la túnica y el manto eran largos arrastrando por fuera de los pies.

Era deseo del Rey que la nueva Orden se llamara de Monterreal, sin embargo, el Papa tomando el nombre de la villa que les fue entregada en la fundación dispuso que se llamara Orden Militar de Santa María de Montesa.

Ninguna insignia optó por tener esta Orden en un principio, pero queriendo que sus Caballeros se distinguieran de los de las otras Ordenes solicitaron al Papa Clemente VII, en 5 de Agosto de 1393, que los Caballeros de la Orden de Montesa llevasen la insignia en el lado izquierdo del manto y sobre la misma bordada la cruz negra.

Don Guillen de Eril, primer Maestre, tomó posesión de la milicia montesiana y emprendió el camino hacia Montesa, pero una antigua enfermedad que le aquejaba retuvo al mismo en el convento de Santes Creus, entre tanto llegaba su recuperación delegó en otros Caballeros con poderes suficientes a tomar posesión de la villa y castillo de Montesa. Prosiguió el Maestre su camino viéndose obligado por la gravedad de su estado a detenerse en Peñíscola, habiendo fallecido el 4 de Octubre de 1319. Asumió, provisionalmente, el Maestrazgo Don Erimau de Eroles. El rey no permitió que al nuevo Maestre lo eligieran los Caballeros montesianos, era su deseo para esta ocasión recayera la responsabilidad en el Papa, el cual aceptó nombrando para el cargo de Maestre, que era el segundo, a Don Arnaldo de de Soler y Comendador Mayor a Don Berenguer de Montoliu, de la Orden de San Juan, a quienes el Comendador Mayor de Calatrava, en nombre del Maestre, había investido con el hábito de Montesa y absueltos del juramento de fidelidad a la de San Juan.

Los principales dignatarios de la Orden controlaban los bienes de la institución que no estaban repartidos. No era aconsejable la subdivisión de las funciones por el escaso número de Caballeros, aunque algunos frailes ostentan el título de encomiendas. En la Orden se imponía la aceptación de cargos y privilegios de los dominios que les pertenecían.

En el capítulo general habido en San Mateo del año 1330, con las Encomiendas se ordena la riqueza de la Orden, y dos años más tarde, 1332, los Caballeros reunidos en consejo en el convento de Montesa confirmaron al Maestre el poder de fijar tantos privilegios antiguos como nuevos sobre los dominios.

F. García López de Padilla, Maestre de Calatrava, y el Abad de Santes Creus, en su primera visita en el año 1323, desaconsejaron que los clérigos estuvieran al frente de las Encomiendas, pues esto los distanciaba de la Orden en sus funciones espirituales. Para premiar a los clérigos se establecieron los Prioratos al tiempo de las Encomiendas, desarrollándose un “cursus honorum” similar al existente en los dominios, y todos convergían en el Sacro Convento de Montesa.

Desde un principio, la Orden de Montesa adquirió una gran importancia. Su Maestre en más de una ocasión tomó parte muy activa en la vida social y política del Reino de Valencia. Además su intervención a ejercer sus funciones jurisdiccionales en los pueblos y villas sujetos a su dominio, consiguió un puesto en el Estamento Eclesiástico de las Cortes del Reino, su voz era respetada y tenida en consideración.

Y ayudó con sus medios a la defensa contra los turcos de la invasión de Europa: La Caballería de Montesa supo pagar, con beneficios destacables, a la Orden de San Juan en un momento que viéndose en gran confusión y aprieto cuando los sanjuanistas sufriendo el ataque en la isla de Rodas por las fuerzas turcas superiores y poderosa a armada de Mohamed II, los Caballeros de Montesa a costa de su sangre e inmensos gastos acudieron en socorro, destacándose en gran herocidad y reconocido valor: Fr. D. Pedro de Aubuson, Gran Maestre de la Orden de Jerusalén, en el año 1479 se vio amenazado por el turco Mohamed que pasaba a sitiar a Rodas. La noticia puso en pie de combate a Fr. D. Luis Despuig, Maestre de la Caballeria Montesiana y no dudó en armar a su costa y de la Orden un navío para acudir en socorro de aquella isla. Al frente de la expedición se puso a Fr. D. Felipe Vivas de Cañamas como capitán como capitán del mencionado navio y junto con otro barco valenciano al frente del cual se hallaba D. Luis Pexó soltaron velas en la primavera de 1480, que cansados de esperar los refuerzos previstos por el Sumo Pontífice y otros Príncipes cristianos, pusieron proa a la isla sitiada. Veinte galeras de mahometanos turcos se enfrentaron a los navíos de la Orden de Montesa pero tuvieron que retirarse con pérdidas de vidas humanas y algunas de sus embarcaciones, hasta el general turco que mandaba aquella fuerza murió en el combate.

Los Reyes Católicos; Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, en su afán de conseguir las administraciones de los Maestrazgos a lo cual les había autorizado el Papa; y así lo habían obtenido de las Ordenes de Santiago, Calatrava y Alcántara, a la muerte del Maestre Vives de Cañamas, escribieron al Pontífice para lograr dicha merced sobre la de Montesa.

El Rey había ordenado a la Orden que no eligiesen nuevo Maestre, lo cual disgustó a los montesinos porque querían conservar los privilegios y gracias especiales de que gozaban desde su fundación. No agradó en absoluto la orden real y para tratar sobre la misma nombraron a Fray Don Francisco Bernardo Despuig con la misión de parlamentar con el rey y expusiera las razones en que se apoyaban para elegir libremente a su Maestre. El Monarca no satisfizo a los montesinos que seguidamente escribieron al Papa rogándole no accediera a la pretensión real.

En aquellos momentos de incertidumbre para la Orden, subía al Papado el Cardenal D. Rodrigo de Borja con el nombre de Alejandro VI y queriendo dar una muestra de cariño al Reino de Valencia de donde era natural (Xàtiva), negó al Rey su pretensión autorizando a los Caballeros de Montesa que eligieran el Maestre de su Orden, así pues el nombramiento recayó en el anciano Fray Don García Martinez de Marcilla, que era el clavero de la Orden, pero al siguiente día, en el acto general del Capítulo, los árbritos escogidos publicaron a Don Francisco Sanz como Maestre de la orden, el cual rigio ésta durante trece años ganándose el sobrenombre del “Maestre Bueno”.

En la Guerra de Sucesión al Trono de España; entre Felipe V de Borbón y el Archiduque Carlos de Austria, el castillo de Montesa con su villa y la de Vallada permanecen fieles a Don Felipe, junto con Bañeres, Morella y Peñiscola. Otras poblaciones a pesar de encontrarse sujetas al Archiduque ayudaron a Don Felipe tanto en servicios personales como prestaciones monetarias.

Pasada la batalla de Almansa, en el año 1748, un fuerte terremoto destruyó por completo el castillo de Montesa, las ruinas se adueñan del convento de Sta.María.

En efecto, el día 23 de marzo a las seis de la mañana tembló el subsuelo del corpulento edificio que se vino al suelo y aplastó cuántas vidas y enseres existían en su interior; el epicentro estaba allí haciendo de las suyas. Así pues, quedaron enterrados el Prior frey José Ortells, D. José Thous, D. Gregorio Llorens, frey José Talens, frey Ignacio Oller Prior de Alfama y el cura de Onda que pernoctó aquella noche en el Convento. Así mismo siete novicios, el criado del Prior y el organista, el doctor frey Alfonso y frey Manuel Oller que estaba preso en el calabozo.

La Junta de la Orden reunida en Valencia dispuso que el Rector del colegio de San Jorge, se trataba del cura de Carpesa, saliera acompañado de gente hacía Montesa y averiguase lo necesario para encontrar el Santísimo Sacramento y depositarlos en un lugar digno.

Transcurridos cuatro días después del suceso comenzó la limpieza del lugar encontrando entre los escombros los cuerpos de los religiosos sin vida y al llegar a la iglesia hallaron al Dtr. Frey José Alfonso que decía Misa en el momento del derrumbamiento, en el altar de San Jorge y al novicio frey Gines Ravalón que le ayudaba. Así mismo, el Stmo. Sacramento reservado en el referido altar, y en el lugar principal del altar Mayor, sin haber sufrido daño alguno las Formas consagradas aunque si en el tabernáculo.

En todo el castillo no se disponía de una habitación para colocar el Stmo. Sacramento, más la Comunidad disponía de una heredad cerca de su destruida morada llamada Casa de la Arboleda y en ese mismo día 29 de Marzo, alrededor de las seis y media de la tarde con el ritual establecido, en procesión trasladaron el Santísimo en manos de frey José Ramírez, el monje de más edad, a una habitación previamente adornada para lo que se estaba celebrando.

Siguieron buscando entre las ruinas otras especies sacramentales y en las excavaciones encontraron a tres sacerdotes que estaban con sus cálices cubiertos y los corporales encima, por lo que dedujeron que habían sumido o no habían consagrado.

El armario de las reliquias sufrió daños de consideración. Parte de éstas se recuperaron y, en la actualidad, en la iglesia de Montesa guardan una espina de la corona de Cristo y un “lignum Crucis” amén de un cáliz renacentista, entre otras piezas. El retablo de San Jorge existente en el museo Victoria de Londres, procede del castillo templario, así como otras pinturas localizadas en Valencia y Madrid.

El día 26 de Agosto de 1754 el rey D. Fernando VI dio un nuevo reglamento para el régimen y gobierno de la Orden, mandando construir en Valencia el edificio del “Temple”, habiendo terminado esta obra en 1770, para dar cobijo a los Caballeros Templarios de Montesa. En la guerra de la independencia y las Cortes de Cádiz anulan los señoríos jurisdiccionales, en consecuencia la Orden de Montesa pierde sus dominios y sus derechos que pasan a la Corona.

En nuestros días, ha sido reconstruida la primitiva Sala Capitular que definía lo de castillo- convento de Santa María de Montesa, en la cual diariamente los monjes después de los oficios de prima se reunían y escuchaban del monje lector un capítulo de la Regla de San Benito. Este era el lugar escogido para la elección del Maestre de la Orden, así como para los capítulos Generales y los conventuales, la investidura de caballeros, toma de hábitos y las profesiones propias de los encargos para el gobierno de la Orden montesiana.

La Sala Capitular fue edificada en tiempo del tercer Maestre de la Orden fray Pere de Tous (1327-1374) como lo testimonia el religioso Hipólito de Samper. Transcurridos unos años, el Maestre Romeu de Corbera mandó construir unas capillas en el castillo-convento y en éste, la del Capítulo, la de la Santa Cruz.

Fray Juan Borja y Arándiga en el año 1624 escribió lo antes expuesto, más añadía que en el Capítulo se corrigen y castigan las culpas y faltas de las personas de la Orden y que el Maestre Romeu de Corbera, fundó en la mencionada, capilla de la Santa Cruz un beneficio dotándolo de misas y aniversarios, habiendo sido éste enterrado en la misma.

En los muros laterales los Maestres Guillen de Eril (1319), Arnau de Soler (1327), Albert de Tous (1382), Felip de Aragón y Navarra (1488), Felipe Vives de Cañyamas (1492) y Francisco Sanz (1506), fueron sepultados.

La desamortización de Mendizábal condujo a que la propiedad del castillo fuera transferida al Estado. Tiempo más tarde la adquirió Leopoldo de Pedro y Nash, caballero de la Orden de Montesa, marqués de Benamejis de Sistallo. Y después el Ayuntamiento de Montesa lo consiguió del marqués de Olivart.

En el 1931 las cuatro Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa quedaron abolidas, viéndose obligadas a acogerse en el Vaticano. Ocho años más tarde vuelven a nuestro país pero el cargo de Gran Maestre lo ostenta una autoridad eclesiástica de Roma.

Los siguientes Maestres gobernaron la Orden de Santa María de Montesa desde su fundación hasta el siglo XVIII. Fr. D. Guillen de Eril. Luego que fue elegido no gozó del Maestrazgo más allá de setenta y cinco días al frente de la Orden, por enfermedad falleció en Peñíscola viniendo hacia Montesa.

-Fr. D. Arnaldo de Soler. Recibió el nombramiento de Maestre del Abad de Stes. Creus; D. Pedro Alegre. De la Sede Apostólica consiguió poder usar camisa de lino los miembros de la Orden.

-Fr. D. Pedro de Thous. Elegido Maestre en el Santo Convento de Montesa. Célebre Capitán que sirvió a la Corona.

-Fr.D. Alberto de Thous. Reunidos los Vocales en el Sacro Convento de Montesa el día 16 de Agosto de 1374 para la elección del nuevo Maestre convinieron que concurrieran a la misma los cuatro Comendadores, los cuales acordaron nombrar a Fr.D. Alberto de Thous que gobernó la Orden con paz y quietud.

– Fr.D. Berenguer March. En el Capítulo general celebrado el 25 de Julio de1382 al que asistió el Rey D. Pedro el Ceremonioso, salió elegido por compromiso deliberado este Maestre, que disgustó al Rey porque quería se nombrase a Fr. D. Raymundo de Vilanova. Dejó el Sacro Convento y al partir mandó se sitiase el lugar por sus tropas. El Gobernador de la Ciudad de Reino de Valencia al llegar a Montesa a cumplir lo ordenado, halló abiertas las puertas de la fortaleza y a los Religiosos Montesianos que salían a recibirle en paz respetando en su persona al mismo Rey. El Soberano ordenó levantar el sitio y ofreció no perturbar más a la Orden en el goce de sus Bulas y privilegios. El Maestre consiguió de Clemente VII la facultad de usar en sus Mantos Blancos la cruz negra florislada.

-Fr. D. Romeo de Corberá. Fallecido el anterior Maestre, recayó la elección al cargo a Fr.D. Nicolás de Proxita, pero el Papa Benedicto XIII (Papa Luna) nombró a Fr. D. Ramón Alamau de Cerbellón. El hecho produjó desasosiego entre la Comunidad Montesiana, y el Pontífice viendo la desazón producida, pasó el encargoa Fr. Bonifacio Ferrer, Gran Prior de la Cartuja, para que decida sobre esta causa, el cual declara vacante el Maestrazgo y el día 25 de Julio de 1410 el Pontífice nombra Maestre de la Orden a Fr. D. Romeo de Corberá que prestó importantes servicios al Rey.

-Fr. D. Gilaberto de Monsonís, elegido Maestre en el Capítulo General del día 14 de Septiembre de 1445, estuvo acreditado como un valerosísimo Capitán al servicio de la Corona con honor e ilustre sangre.

-Fr. D. Luís Despuig, fue alférez de la Orden y más tarde Clavero. Elegido Maestre en 1453. Ganador en la Conquista de Bicari y el Rey conociendo su habilidad como diplomático, lo mandó como Embajador a Castilla con el fin de echar de este reino a los genoveses y procurase la unión de la Iglesia en 1443. En el siguiente año vuelve a Castilla consiguiendo la concordia entre este reino y el de Navarra. Enviado de Embajador a Siena cerca del Papa Nicolás V, gestionó con su beatitud procurase la paz en Italia.

-Fr. D. Felipe de Aragón y Navarra. A petición del Rey D. Fernando el Católico, el Papa Sixto IV se había reservado la provisión del Maestrazgo, revocó tiempo después dicha decisión y deja que la Orden eligiera en plena libertad el Maestre que recayó en Fr. D. Felipe Vivas de Cañamas, el día 10 de Octubre de 1482. No conforme el Rey Católico insistió en el Pontífice que despachó una Bula sobre el particular al Obispo de Huesca, el cual el día 8 de Marzo de 1488 invistió de Maestre a Fr. D. Felipe de Aragón y Navarra, hijo del Príncipe Carlos de Viana, primogénito del Rey de Aragón D. Juan II y de Doña Blanca Reina de Navarra, hija de D. Carlos III Rey de Navarra y de Doña Leonor Infanta de Castilla. El Maestre renunció al arzobispado de Palermo por la Dignidad Maestral. En la Vega de Baeza el 10 de Julio 1488 le mataron los moros de un mosquetazo.

-El mismo día del fallecimiento del anterior Maestre, Fr.D. Felipe de Cañamás fue elegido para ocupar la silla vacante, por segunda vez, y se volcó en prestar gran servicio al Rey con heroico valor. Pero la envidia que sentían hacia él ajgunos que no le querían, lo llevaron a la muerte por envenenamiento en la Villa de San Mateo el 18 de junio de 1492. Durante los cuatro años de permanencia en el gobierno de la Orden lo hizo con rectitud.

-Por árbitros el Maestre Fr. D. Francisco Sanz fue elegido para este puesto meses antes a la muerte de Fr. D. Felipe , el 12 de enero de 1492. Gobernó pacíficamente cumpliendo las obligaciones del oficio hasta el día 4 de febrero de 1506.

– El Rey D. Fernando el Católico conocedor de la falta y concordia en que vivían los monjes debido a la tardanza de elegir Maestre, mandó al Gobernador de Xàtiva sitiara el Convento en el día en que reunida la Orden para elegir al Maestre, no permitiendo entransen vituallas hasta el momento de la elección. Acabados los alimentos el día 15 de febrero de 1506, salió elegido Fr. D. Francisco Bernardo Despuig, que falleció en Junio de 1537. Gobernó la Orden con acierto sirviendo al Rey.

-En la elección del Maestre Fr. D. Francisco Lanzol de Romany, en el Capítulo General del día de 17 de Julio de 1537 se registraron muchas disputas para llegar al cargo. Gobernó con mucho juicio y prudencia hasta el 17 de Marzo de 1544.

-Fr. D. Pedro Luis Garceran de Borja último Maestre elegido por los frailes montesianos, renunció al Maestrazgo por razones personales, y lo incorporo a la Corona de Aragón el 15 de Marzo de 1587. La Orden de Santa Maria de Montesa la gobernaría el Rey Felipe II, el cual publicó la Pragmática y Asiento y de Jurisdicciones y mando formar un Tribunal de la Orden que administraría la justicia y defensa de sus derechos y preeminencias.

El hijo del anterior, Rey Felipe III, sucedió en la administración de la Orden y Reino el 13 de septiembre de 1598. Estuvo en el Sacro Convento un año más tarde en el mes de Febrero, y se llevo la reliquia de la cabeza de San Jorge mártir, la cual devolvió primorosamente engastada de piedras preciosas en tal primor que el arte se distinguió en esta pieza tan ricamente trabajada.

Los Reyes Administradores de la Sagrada Milicia de Santa Maria de Montesa y S. Jorge de Alfama, nombraban para su gobierno un Lugarteniente General, habiendo sido el primero en este cargo Fr. D. Jaime Juan Falcó el 20 de Junio de 1593. El Rey Felipe II dijo de éste: “En todos mis reinos no tengo Hombre mejor que Falcó”. Guardó los tres votos que sustanciaban la Orden.

Dentro de la Orden Militar de Nuestra Señora de Montesa destacó el canalense Dr. Fr. Pablo Climente, presbítero, Prior de San Jorge de Alfama y Rector del Colegio de este nombre en Valencia. Y por último capellán de honor de S. M. hasta el año 1700 en que falleció.

Septiembre de 2013

Ramón Arnau Palop

Cronista Oficial

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