PEQUEÑOS RECUERDOS DEL COLEGIO “LA PURISIMA”.

PEQUEÑOS RECUERDOS DEL COLEGIO “LA PURISIMA”.

Durante el verano de 1971 y después de finalizar el curso escolar, cerro sus puertas para siempre el colegio de E. G. B. “La Purísima”
Al frente de dicho colegio, se hallaban siete monjas franciscanas que eran: sor Ángeles la superiora, sor María Jesús que además de dar clases a tercer y cuarto curso enseñaba a bordar, sor María que llevaba primer y segundo cursos, sor Isabel y sor Paz que se encargaban de los párvulos, sor Amparo la cocinera, y por ultimo sor Pilar que era la portera.

El cierre del colegio dejo un gran vacío, para el pueblo de Canals; pero sobre todo para todas las chicas que habían sido alumnas, y mas aun, para las que nos faltaba algún curso por terminar ( como era mi caso ) los estudios de E .G . B.

Para las siete monjas, supuso una gran tristeza tener que dejar el pueblo de Canals donde habían vivido tantos años, y a las amistades que a lo largo de tanto tiempo habían cosechado. A cada una de las franciscanas, la destinaron a diferentes colegios de Valencia.

El colegio “La Purísima” estaba situado en la calle San Cayetano nº 7. El edificio consistía: en planta baja y dos pisos donde se hallaban las aulas de clase.

En el rellano del primer piso, estaba el despacho de la madre superiora. Al lado de este se situaba el aula de clase de los cursos 5º, 6º 7º y 8º de E: G. B donde impartía las clases sor Ángeles (la Madre como, la llamábamos las alumnas). En esta aula había dos balcones que daban a la calle san Cayetano.
Enfrente de esta, quedaba la clase de sor María con los cursos 1º y 2º Recuerdo que en esta habitación, había una pequeña puerta por donde entrabas al coro; en el, un piano y sillas reclinatorios llenaban la estancia. También había un balcón que daba al patio pequeño
Nos situamos en el pasillo, y al fondo a la derecha llegamos hasta el aula de sor María Jesús, donde recibían clases las alumnas de 3º y 4º.
Saliendo otra vez al pasillo nos encontramos con los aseos, y al lado de estos una habitación que la llamaban “el planchador” por ser este su uso .Asimismo servia a la par, para coser las monjas y recibir clases de bordado las exalumnas que querían enseñarse y a las que daba clase como no, la gran bordadora que era sor María Jesús.
En el centro de dicho “planchador”, había una gran mesa, y en la pared de la derecha dos armarios donde recuerdo muy bien, que se guardaban los sacos llenos de sellos usados, que las monjas recogían para luego venderlos y dar el dinero a las misiones.

El segundo piso era de uso privado, ya que en el estaban las habitaciones de las monjas.

Vestíamos las alumnas con un uniforme de camisa beige y pichi azul marino, chaqueta de este mismo color, zapatos marrones y un pequeño broche con la imagen de la Purísima. Encima de este, al llegar al colegio nos poníamos un baby a rayas de color verde y blanco. Estos estaban colgados en una gran percha que había en el pasillo.

El horario de las clases era de 9,30 d 12,30 y de 3,30 a 5,30 (años mas tarde pasarían a ser de 9 a 12 y de 3 a 5). Antes de comenzar siempre se rezaba un avemaría. A continuación pasaban lista en la que siempre nos nombraban por el apellidos, para luego pasar a la lectura donde cada alumna leíamos en voz alta unas líneas del texto que la profesora nos indicara.
Mas tarde, escribíamos una pagina de caligrafía de aquellos cuadernos verdes de rubio y que forman parte de la educación de aquella generación.

En la clase de sor Ángeles, éramos unas veinticuatro chicas que era el total de los cuatro cursos últimos de E. G. B.
De menor a mayor curso, cuándo la Madre nos indicaba nos poníamos al alrededor de su mesa para explicar de memoria la lección que tocaba ese día. Si la sabías te ponía cinco puntos, que se sumaban a la nota final del examen.
Los lunes a primera hora, dábamos historia, el martes geografía , miércoles ciencias naturales , jueves otra vez historia y el viernes geografía .

De diez y media a once, era la hora del recreo. Unas veces íbamos al patio pequeño y otras bajábamos al grande. Este estaba situado al otro extremo del colegio, enfrente del “Pont del riu “En su lugar hoy esta edificado el edificio “La Lloca”
Este patio era muy grande, con un limonero en un extremo .Alrededor de una de las paredes había un largo banco de ladrillos, y en la pared colindante al río estaba situada la puerta por donde entrabas al lavadero .Desde el actual parque de la “Lloca” se veía a las monjas cuando estaban lavando, y cuando las alumnas pasábamos por allí las llamábamos para saludarlas.

En el recreo se jugaba a los juegos típicos de esa época o sea: la comba, la goma o el escondite. Los cursos de las mayores hacían corrillos para contarse sus cosas.
Poco antes de las once, la monja encargada de cuidar a todas las alumnas del patio, tocaba un silbato y formábamos en fila para subir a las clases .Para llegar a estas, pasábamos por las dos clases de los párvulos, de las que se encargaban Sor Isabel que era una monja jovial y muy campechana, y sor Paz que por el contrario era muy tímida e introvertida.
Aunque el colegio era solo de chicas, en párvulos si que podían ir niños, por lo tanto estas dos aulas eran mixtas.
A segunda ahora de clase, los lunes dábamos matemáticas, los martes y viernes lengua, los miércoles geometría y los jueves cálculo.

Y como cada día, cuando en el reloj sonaban los doce rezábamos “el ángelus “.

Las clases de la tarde eran de lo mas amenas, solíamos hacer dibujo, asignatura que la superiora le daba gran importancia. Nos repartían unas láminas y las niñas las dibujábamos en nuestro bloc con lápiz de carbón. Cuando los dibujos los hacíamos en la libreta del deber solíamos utilizar pinturas al pastel de la marca Goya, y luego con el difuminador o un trocito de algodón las acababas de pintar.

Hacíamos muchos trabajos manuales (lo que hoy se llama plástica) sobre todo para el día de la madre. Y como no, en vísperas de Navidad que elaborábamos unos adornos muy bonitos y a la vez que realizábamos estos, cantábamos villancicos. Estos días eran los más entrañables y divertidos de todo el curso escolar
.
Seguimos con la clase de tarde, y hay que decir que a las cuatro llegaba la hora de bordar. Solíamos hacer mantelerías en punto yugoslavo y bolsas para el pan a punto de cruz, y los tu-yos muy de moda en aquellos años.

Sor María Jesús, era la religiosa encargada de enseñarnos .Era una persona de gran estatura y carácter fuerte, muy estricta con las labores, exigia mucho y no pasaba por alto ni un pequeño fallo. Cuando nos salía mal algún punto del bordado nos lo hacia deshacer y las niñas nos quejábamos y ella siempre respondía con la misma frase “: xiquetes fent i desfent, s’ensenya la gent “
Hoy pasados tantos años, te das cuenta que es la mejor manera para enseñarte y que te salga bien una cosa, y que gracias a sus enseñanzas, cuando realizas alguna labor sea de la clase que sea, no te sabe mal deshacer los fallos que notas las veces que sean necesarias, y piensas la suerte que tuvimos en tener a sor María Jesús como maestra de labores.
A la par de bordar rezábamos el rosario. Como las aulas de tercero y cuarto y las de quinto a octavo estaban separadas por una gran puerta de madera se habría parte de esta y se colocaban una alumna de cada clase a rezarlo, y el resto contestábamos.
No se lo que pensaran las estudiantes de hoy ( si es que alguna lee esto ) al ver las veces que rezábamos a lo largo del día , pero hay que tener en cuenta que era un colegio de religiosas , y que eran los años sesenta-setenta .

…………….

Hay cosas sencillas, que quedan en la memoria para siempre y que te transportan a otras épocas de tu vida , cosas sin gran importancia, pequeños recuerdos de la infancia y que al pensar en ellos te hacen sonreír ,Uno de estos recuerdos es cuando íbamos al convento de santa Clara a llevarles a las monjas un gran paquete de café o mejor dicho del poso de café, que del bar Lorente y del Casino les daban todos los días a nuestras monjas ,y que a su vez estas , hacían una parte para las clarisas.Nos hacia gran ilusión cuando, siendo la hora del recreo ,la Madre escogía a dos niñas y nos hacia ir al convento . Al llegar allí tocábamos una pequeña campana y salía la monja, nosotras depositábamos el paquete del café en el torno y ella desde la otra parte lo recogía. Por entonces aun no estaba permitido ver personalmente a las Clarisas.

Otra anécdota que seguro recuerda muy bien Ana María, es cuando igualmente, en la hora del almuerzo iba esta y otra compañera, que la Madre decía, con una cesta al mercado que entonces esta situado en la placeta del mismo nombre, a recoger las verduras que la madre de dicha alumna regalaba a las monjas. A esa hora, la placeta del mercat estaba llena de gente comprando, y daba gusto ver el ambiente que había.

Alguna vez, cunado paso por la calle de san Cayetano donde estaba el colegio, parece que aun noto el olor tan bueno que se olía por la mañana, de las bambas recién hechas y de las rosquilletas que hacían en la pastelería de Malieta situada al lado de colegio, y que a veces durante la hora del recreo salíamos a comprarnos algún dulce para almorzar.

FIESTAS ESCOLARES

El día cuatro de octubre, festividad de san Francisco de Asís celebrábamos la fiesta al patrón del colegio y lo hacíamos oyendo misa en la capilla y el resto del día jugando en el patio.

Una de las fiestas que mas nos gustaba, era “les catalinetes” .Ese día éramos mas puntuales que nunca. Desde el colegio, saliamos en fila para ir al campo y pasar todo el día allí. .Solíamos ir al pinar de Raga, o a la Redonda.
Por el camino íbamos cantando la típica canción de les catalinetes”y cuando llegábamos nos poníamos a jugar. A mediodía nos comíamos el bocadillo, y pasábamos la tarde muy a gusto corriendo por el campo. A las cinco de la tarde regresábamos al colegio para desde allí, ir a casa .Y de esta manera terminaba el día de fiesta.

La fiesta más especial que se celebraba, era el día nueve de diciembre, o esa el día siguiente de la Inmaculada Concepción. Esta era nuestra patrona y como tal, el día era muy especial.

Empezaba la jornada festiva con una ofrenda a la Virgen. Todas las niñas entrábamos en la capilla con una flor o un cirio, cada una lo que había elegido y que anteriormente habíamos comprado en clase. A continuación oíamos misa que casi todos los años la celebraba el padre Sanchis, un franciscano muy querido por todas las monjas y las alumnas del colegio. Su tumba, esta situada delante del altar de la iglesia del convento de santa Clara de aquí de Canals.
La capilla para tan grande ocasión, estaba adornada con azucenas y calas blancas. En el centro del altar, había una imagen de la Purísima y cada lado de esta, las imágenes de san Francisco de Asís y la de san José. Dicha imagen de la Inmaculada al cerrar el colegio paso a ser propiedad de las hermanas Clarisas, y esta situada en una estancia privada del convento. Las otras dos imágenes se las regalaron al párroco don Jesús Conrado, (gran amigo de las hermanas y que solía venir a prepararlas para los ejercicios espirituales) y que presidieran la parroquia donde en el estaba.
Al finalizar la misa, nos daban una estampa de la Virgen donde en el reverso estaba escrito el nombre de las clavariesas (festeras) de ese año. Mas tarde, salíamos al patio pequeño a jugar y tirar bolas de cohetes .Estaba adornado para tan especial día, con guirnaldas de colores en forma de cadena. Eran de papel de seda y las hacían las monjas días antes. Recuerdo que para pegarlas entre si , en vez de pegamento ,usaban una pasta hecha con harina y agua .¡
Para las alumnas – clavariesas de ese año, les tenían preparado, un pequeño banquete que consistía: en una ensaimada con una taza de chocolate. Para el resto nada claro. Cuando este terminaba entrábamos al aula de la Madre y en el tocadiscos escuchábamos canciones de Raphael, Rocío Dúrcal o Marisol, o sea, lo que a las monjas les gustaba.
Pero había un disco diferente, típico de todos los años, que todas las alumnas se acordaran muy bien:” el siete por siete de Masanet de le Selva “.Después de tantos años escuchándolo al final te lo sabias de memoria.
Por la tarde seguía la fiesta jugando, pero esta vez era en el patio grande. Y así finalizaba el día de la fiesta más importante del colegio.

LA TOMBOLA

A mediados de diciembre, las monjas tenían por costumbre colocar una pequeña tómbola en una estancia situada al lado del recibidor, en el mismo sitio que días después pondrían el Belem Los boletos como casi todo lo que se rifaba, estaban hechos por las religiosas. Habían alfileteros, agendas, pisapapeles hechos con una piedra de río pintada de negro y una calcomanía, papeleras de mimbre…, Pero el objeto mas peculiar de todos y que no faltaba ningún año era: una muñeca hecha toda de cartón con el pelo pintado y lo único que destacaba un poco era el vestido de tela, y que se sujetaba con una punta de hierro. Era una muñeca muy anticuada ya para aquellos años, en los cuales todas las teníamos de goma o plástico .Las alumnas nos reíamos cuando nos tocaba en la rifa .Hoy recordándola, pienso que seria un suerte si conservase una porque seria un objeto de colección, a la vez que un recuerdo muy entrañable, y lo mismo piensan algunas de mis amigas cuando alguna vez lo hemos comentado.

Días antes de Navidad había por costumbre, que cada alumna llevara algún alimento a las monjas, para que celebraran las fiestas .Estos solían ser: turrón, piña melocotón y alguna que otra botella de sidra, y ellas nos lo agradecían dándonos algún detalle hecho por ellas.
Una costumbre que hoy aun se realiza era, salir a recoger (entonces se llamaba postular) para el Domun, y la Santa Infancia. Para ello nos daban una hucha en forma de cabeza de un negrito, de un indio o de un chino.Ibamos por todo el pueblo pidiendo y poniendo banderitas, pero sobre todo pasábamos a pedir por la casas de nuestra familia.Recuerdo que un año, tres cuatro alumnas de los cursos mayores, se vistieron con hábitos de monja para postular.

Otra de las cosas que hacían para recoger dinero para el tercer mundo, era poner un poste en la pared en el que se hallaba dibujado un chino y un hombre negro, y era un juego que consistía en hacer una carrera. Para ello se dividía a las alumnas de cada clase en dos partes. Cada niña aportaba dinero al que pertenecía; o a la parte del chino o a la del negrito y a cada moneda que dabas avanzabas una casilla;-así la carrera iba avanzando hasta llegar a la meta.

Por aquellos años los sábados también teníamos clase aunque solo por las mañanas. Creo que era el día que mas gustaba a todas. Solo dábamos lección de religión, para pasar luego a dibujar en la libreta el evangelio del día siguiente. Por ultimo rezábamos “la sabatina “ que era una oración y cantos a la Virgen..Seguro que más de una alguna alumna aun conservara la estampita de esta oración.

Terminado los días que duraba la tómbola, empezaban a preparar el Belem. .El padre de Carmen y Mati, les solía recoger de la montaña el musgo para adornarlo .Las figuras eran de arcilla bastante antiguas .Había varias escenas de la historia del nacimiento repartidas por el enorme Belem , y todos los adornos eran naturales , con piedras que simulaban las montañas . Algunas de estas figuras hoy lucen en los belenes en casas de Canals, regalo de las monjas.

El mes de mayo era un mes especial, diferente al resto del año escolar. Las niñas, llevábamos flores para adornar la imagen de la Virgen María.Todos los días al terminar la clase de la tarde, nos dirigíamos junto con las religiosas a la capilla para una vez ,allí cantar canciones y rezar las oraciones propias de este mes.

Y así, llegamos a julio del 1971 y llega la hora de que las monjas abandonen el colegio, o sea su casa. Una tarde bastante calurosa nos reunimos algunas alumnas con las siete monjas en la capilla, para ver como el sacerdote don José María Sarrio hacia la reserva del Santísimo de la pequeña capilla del colegio “La Purísima “bajo la mirada protectora de la imagen de le Inmaculada. Hubo muchas lágrimas, mucha tristeza. Daba pena que se cerrara el colegio después de tantos años impartiendo enseñanza en Canals.

Muchos años después del cierre, alguna alumna se le ocurrió la magnifica idea de volvernos a reunir las exalumnas y la Madre Superiora sor Ángeles, para vernos y recordar todas las cosas buenas que durante tantos años habíamos pasado juntas,

Un sábado por la tarde recogimos a la Madre, y lo primero que hicimos fue oír misa en la iglesia en sufragio por las monjas y alumnas que habían fallecido,
Acompañamos a la Madre a dar una vuelta por el pueblo, para que viera los cambios que se habían hecho. Pasamos por la antigua biblioteca situada en la casa de el alcalde José Molla, dimos un paseo por el parque de la Lloca para que viese, como era en la actualidad lo que había sido la parte trasera del colegio donde anteriormente estaba ubicado el patio grande y como no, pasamos por la calle san Cayetano donde estaba la puerta principal del antiguo colegio “La Purísima “.
Por la noche fuimos a cenar al bar Brasilia. A lo largo de la noche, recordamos anécdotas y disfrutamos mucho de estar juntas después de tantos años.
Le regalamos a la Madre ,un cuadro con fotos de varios cursos de cuando éramos pequeñas y una bandeja pintada a mano por Rafa .Se alegro mucho por los regalos y por la noche que pasamos tan agradable.

Unos meses después de este encuentro, le escribió una carta a una exalumna donde daba las gracias por todo. Asimismo, comento la satisfacción que supuso para ella, comprobar que las enseñanzas que nos habían inculcado las monjas, y todos los principios morales que nos enseñaron no habían caído en saco roto, y que habíamos sabido sacar muy buen provecho de ello.

Poco más de un año después, nos enteramos que la Madre había fallecido. Por lo menos nos quedo la experiencia tan positiva de juntarnos año antes y haberle rendido ese pequeño homenaje que bien merecía.

MARIA PILAR SANCHO SANCHO

Publicado en el libro de fiestas de San Antonio de 2014

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